Niña sola, ¿Adult@ sol@?

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Te advierto, quienquiera que fueres tú, que deseas sondear los arcanos de la naturaleza, que si no hallas dentro de ti mismo aquello que buscas, tampoco podrás hallarlo fuera. Si tú ignoras las excelencias de tu propia casa, ¿Cómo pretendes encontrar otras excelencias? En ti se halla oculto el Tesoro de los Tesoros. Humano, conócete a ti mismo y conocerás el universo y a los dioses.

Inscripción de la entrada de la sala de las Sibilas, Templo de Delfos.

¡Hola! queridos lectores de lamiriblog, deseando que sigan en su camino hacia el amor incondicional, vuelvo con una nueva entrada a raíz de un documental con el que he conectado a profundidad y que sé, muchas y muchos de mis lector@s, podrán sentir incluso como parte de su misma historia.

Hace unos días fui al cine a ver Niña Sola, un documental de Javier Ávila que retrata de forma profunda el feminicidio de Cintia, una joven tijuanense asesinada a cuchillazos por el que fuese el novio de su madre, Arcelia. El asesino: Omar Sánchez Puente, sigue libre. Ampliamente recomendado, es una historia que se centra en Cintia pero también en su madre y en su otra hija y hermana mayor de Cintia, Bertha; reflejo de una sociedad indiferente claro, de autoridades incompetentes o insensibles; pero también de algo que va más allá; sobre ese «más allá» es en lo que me enfocaré en esta entrada.

Cuando entré a esa sala no pensé que conectaría tan rápido y de manera tan profunda con esa historia, ingenua que fui; quienes han leído ya otras entradas de este blog, sabrán que en el pasado experimenté una relación de pareja con una persona abusiva, lo que la ciencia moderna llama «trastorno de personalidad narcisista» y que, en mi historia familiar, mi padre, que también vive esa misma situación, fue mi abusador primario, pero no solo mío, también de mi madre y de mi hermana menor.

La historia de la familia Verduzco no me es ajena, la violencia siempre produce las mismas emociones: ira, enojo, una tristeza profunda, una incapacidad de defenderse del agresor, de tener esperanza, de disociarse, de depresiones, etcétera, pero quiero ir más allá.

En mi proceso de sanación, he ido entendiendo las experiencias de violencia y abandono que viví de forma distinta. Como en alguna entrada pasada relataba, entendí que la base de mi proceso de dolor, del de mi madre y en general, de mi familia, fue el desamor.

El desamor entendido como un conjunto de emociones, de dolores muy profundos, significativos y reconocibles no solo en mí, sino en otros miembros de mi familia; desde una visión más espiritual, de la pérdida de conexión, del alejamiento de nuestra esencia divina, de la incomprensión de la amada presencia YO SOY, del proceso de aprendizaje álmico y las resistencias al mismo.

El desamor, para mí representa la base del sufrimiento humano, de ahí surgen las heridas típicas: abandono, rechazo, traición, injusticia y la humillación y desde ahí vivimos una vida de sufrimiento que es un enorme lastre, difícil de eliminar y ya siquiera, al menos de comprender.

Es en el desamor donde este lado no trabajado de nosotros, oscuro (porque no recibe luz), de dolor permea en cada aspecto de nuestras vidas; fruto del desamor que vivimos, como fue en mi caso, experimentamos relaciones de dependencia al creernos insuficientes, incapaces de vivir por, para y desde nosotros mismos; pero también, como he visto en otros, se encuentran las vivencias de un egoísmo abrumador, que erige murallas para que otros no las traspasen y al final, el resultado es el mismo: desamor, hacia mí y hacia otros.

Ahora, ¿Cómo se liga esta reflexión con el caso de Cintia?, bueno, es aquí donde hablo de ese «más allá» que mencionaba al principio de esta entrada. Sé que todos tenemos la capacidad de sanar, todos y todas; que la vida es un constante aprendizaje pero sí y solo sí, decidimos aprender de nuestras experiencias; ¿Qué sucede cuando no?, el abuso se vuelve parte de nuestra vida.

Aclaro, esta entrada va dirigida a adultos, es decir, personas que superan los 18 años y que son los que pueden hacer algo por sí mismos para sí mismos. Para los chicos y chicas adolescentes, niños y niñas, el deber recae en sus cuidadores primarios.

Bien, yo muchos años me sentí víctima de mi padre y de quien ahora es una ex pareja y además fue necesario asumir esa etiqueta, la de «víctima» porque entendía, como parte de mi proceso, que debía reconocer lo que me había pasado, reconocer el abuso vivido para dejar de sentirme culpable por el mismo, fue necesario reconocerlo y así lo hice: Yo, Miriam, fui víctima de ….; Yo, Miriam, fui abusada por …, repito, fue necesario pero también, en algún punto del proceso, yo misma me saque de ese estado de «víctima» y forzosamente debí asumir la responsabilidad de mí.

Era casi como si mi alma me lo pidiera, como si me dijera: gracias por haber reconocido y aceptado lo que viviste, gracias por haber entendido que no tuviste la culpa de esto que sucedió, de nada de lo que experimentaste, pero ahora quiero que me saques de ahí y me ayudes a sanar.

Alguien te puso en ese estado, pero tu puedes salir del mismo.

Y esta visión lo cambió todo, porque habiéndome reconocido en esa vulnerabilidad fue ahí en donde también encontré y recordé mi enorme fortaleza interior. Cuando el asesinato de su hija se produjo, la señora Arcelia de alguna manera entendió esto mismo, su hija ya no está, vivió una vida de abusos que, de alguna manera, desencadenaron los eventos que produjeron su muerte; no sé , ni me corresponde saberlo, si hasta el día de hoy se culpa por esa situación, al final es solo algo que ella sabe, pero lo que me dejó claro, según la forma en la que veo y percibo, en ese documental, fue que debía hacer algo para salir de ahí, ya fuese por ella o por su hija Cintia, salir del estado de víctima en que otros la pusieron, para, al menos, tratar de sobrellevar la muerte de su hija de forma distinta, dignamente.

Y es aquí donde expreso una visión crítica sobre la violencia de género, la que llaman violencia machista o patriarcal; es terrible, ser abusad@ de cualquier manera, ¡lo es!, alguien te ha puesto en ese estado y much@s hemos desarrollado traumas, trastornos de estrés post-trauma (como fue mi caso), trastornos de personalidad, indefensión aprendida y un largo etcétera; no, no fue tu culpa haberlo vivido, repito, NO LO FUE, pero sí es tu responsabilidad salir de ahí.

Aquí la situación es donde se vuelve crítica, ¿por qué?, porque si tu no sales, si tu no te obligas a salir de ahí, si no se genera una consciencia interior de lo que se ha vivido, de lo que se ha experimentado, de los patrones que una y otra y otra vez se repiten en tu vida, como si de una jugada perversa del destino se tratara, lo único que vas a seguir experimentado, será la misma porquería en la que se te puso y así una y otra y otra vez hasta el final de tus días. Eso está garantizado.

Un enorme paso es este: darme cuenta que sigo experimentando lo mismo, que sigo buscando (que además esto no se busca) parejas para revivir constantemente los patrones de abuso en los que crecí porque no sé o me da miedo, saber si hay algo distinto, pero… y que tal si sí hay algo diferente, que tu aún no puedes dimensionar y te aventuras a la incertidumbre, a lo desconocido. Claro que, muchas veces, esto nos llega, hasta que ya no aguantamos más, hasta que el sufrimiento es insostenible, hasta que nuestra propia existencia se vuelve, muchas veces, insoportable, ¿Qué necesidad de llegar hasta ahí? bueno, tiene cierta función, pero mucho es inservible.

Las respuestas que buscas siempre están dentro y muchas veces ni siquiera requerimos de procesos mentales para reconocerlas, basta con sentir todas y cada una de las emociones y de los sentimientos que te has negado a observar, ¿A qué se le tiene miedo?, ¿A verte al desnudo?, ¿A observar tu sufrimiento con detenimiento?, ¿A que otros no te acepten?, ¿A qué hay tanto miedo? te lo diré: a conocerse a uno mismo y saberte dueño, dueña de tu vida. A entender que solo tu puedes, a través de un proceso personal de trabajo, sacarte de la miseria en la que has vivido a lo largo de tu vida. No, el proceso fácil no es, nadie dijo que lo sea, pero ese es el camino que se toma cuando ya no quieres sufrir más. Es como sí al llegar a ese nivel de sufrimiento dices: QUE PASE LO QUE TENGA QUE PASAR, NO SÉ A DONDE VOY PERO SÉ DONDE YA NO QUIERO ESTAR MÁS, ¡AL CARAJO!, VOY.

Algunos todavía aguantan un poquito, para aquellos que hemos decidido que es un HASTA AQUÍ, es un hasta aquí y forzosamente, en el proceso empezarás a voltear a ti, hasta que veas que tu tienes todo para salir de ahí, absolutamente todo y retomes ese cetro de poder y no lo vuelvas a soltar.

La historia de Cintia, de Bertha y de Arcelia también es mi historia, me reconozco en esencia, en similares experiencias, donde el dolor del desamor cala profundo, muy profundo en los huesos, en las carnes, en la incapacidad de salir de ahí, en la desesperanza de no sentir apoyo, de no sentir aliento, de no ver más que oscuridad, repleta y profunda, veo a mi madre, viviendo a través de Arcelia, diciendo que amaba al mismo hombre que la violentaba, ¡me veo a mí!, la veo, lo siento, siento esa frustración, esa incapacidad de no querer, de resistirme a que cayera, a que nos fuéramos de la fuente de abuso, al shock que viví al expresar las exactas palabras de mi madre años después, ¡sí!, lo siento mío.

Lo siento, lo reconozco, lo veo como parte de mi vida, aunque, lamentablemente, en el caso de Cintia, la historia terminó en su muerte, bueno, por eso es donde retomo esa experiencia y la hago mía, por ella, por su madre, por mi madre, por mí, he asumido la responsabilidad de mi sanación, he asumido el entrar en el proceso de conocerme a mí misma, de verme en todas mis facetas, de sentir lo que me negué a sentir, de observarme, de observar a mi cuerpo, mis emociones, a mis sentimientos, mis patrones mentales, observar, observar y observar hasta el cansancio, para después abrirme a comprender.

De llorar, de enojarme, de abrumarme con mi propio dolor, de verme tan vulnerable, tan desnuda, tan conmigo y al mismo tiempo, fuera de mí.

Repito, no es una tarea sencilla y rápida, pero ¡carajo!, bien necesaria para salir de la porquería en la que hemos vivido y es aquí donde debo ser estrictamente clara: todos, todas, todes podemos salir de ahí, el humano tiene la capacidad, su propio cerebro le indica que puede hacerlo, la neuro plasticidad no es otra cosa, más que la capacidad constante de aprender, de generar resiliencia cuando se necesita, de aprender a vivir mejor, de ser la mejor versión para ti, de abrirte a sentir amor incondicional por ti y por otros.

¿En qué consiste en que algunos quieran hacerlo y otros no?, no lo sé, aún no encuentro la respuesta, podríamos decir que pueden ser factores sociales, culturales, económicos, o no, o puede ser algo más, te dejo a ti, respondas esa pregunta; pero si esta información está llegando a ti es porque reconoces la posibilidad de aprender a vivir mejor, de salir del pasado para buscar un presente autónomo (en la medida de posible) de saber que mereces algo mejor que lo que se te dio, lo mereces y tienes la posibilidad, la capacidad para trabajar por ese algo mejor, que repito, al inicio nos genera un montón de miedo (que también el miedo es profundamente necesario en la vida) y en este caso, su función, la del miedo es generar en ti la valentía, VALENTÍA, para vivir de la mejor forma en la que puedas y quieras.

Valentía para DEJAR IR: lo que ya no sirve, no abona, no brinda posibilidad de ser tu mejor versión, de amarte de forma absolutamente incondicional como si de eso dependiera tu vida, de eso es de lo que trata la vida, ¿no?, ¿Qué piensan?, me encanta leerlos siempre, de abrirse a las enormes posibilidades que nos da la vida, de esas deliciosas sincronicidades, de la capacidad de conocerte a ti y a otros, de ver tus mejores cualidades y peores defectos (solo por hablar en conceptos duales), de abrir los ojos cada día agradecid@s por estar aquí, por poder aprender, por poder sentir, por poder amar, por poder experimentar las delicias de vivir.

La vida es tremendamente rica, abundante, maravillosa, es un milagro, es amor, eres tú. Que lo que hoy duele, deje de doler mañana, que ese patrón o patrones que no abonan a tu vida puedas, con la valentía que te cargas, soltarlos; que aquellas personas que restan a tu paz y que, a través del dolor y del abuso, siguen tocando los botones de tus heridas emocionales, desde el amor hacia ti, las dejes ir; que aquellos lugares y situaciones que ya no sirven a tu mayor bien, las observes y desde ese amor profundo nacido del corazonzote que tienes, les des las gracias y abras tus brazos para soltar y que te agrarre lo que sí mereces.

Cintia hoy ya no está y como ella muchas y muchos que a causa de la violencia, fruto del desamor, han partido. Nosotros seguimos aquí, muchos tratando de sanar, de desaprender y volver a aprender, seguimos aquí, viviendo, experimentado y con suerte, aprendiendo, sigues aquí, quizás, es momento de recordar que tú y solo tú has podido salir de todas y cada una de las experiencias complicadas, dolorosas y difíciles de tu vida, sigues aquí, con miedo y a veces sin miedo, abriendo los ojos cada día, sabiendo que puede ser diferente, que puedes, que tú puedes. Que nada fue tu culpa, ¡nada! que no fue tu culpa, escucha bien, que nada fue tu culpa y que puedes salir de ahí, puedes.

Esta entrada abraza tantas emociones propias y se sitúa en mi corazón, que me emociona mucho, tenemos la posibilidad de hacer todo lo que nos propongamos, desde la intención y el amor, siempre es posible.

Los y las abrazo desde aquí, les mando amor y les agradezco profundamente por haberme leído, desde la luz y hasta la oscuridad, todos somos UNO.

Atentamente, Miriam.

Nota: la imagen principal de la entrada pertenece al documental «Niña sola» y no es de mi autoría.

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