Adentrándome en lo desconocido…las maravillas de la vida.

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Hola queridos lectores de lamiriblog, el día de hoy traigo una entrada sobre dejar ir, sobre cierre de ciclos, sobre patrones que no sirven más a tu mayor bien. Es una entrada de despedida e inicio a la vez, un nuevo aprendizaje al que he llegado una vez que he recorrido un camino de sanación increíble, que ha sido un viaje muy muy gratificante, aprendizaje, dicho sea de paso, que nunca termina.

Dentro del proceso de sanación que he venido realizando una vez que salí de la relación narcisista de la cual hablé en entradas pasadas, me abrí además, a la oportunidad de lo inesperado, de lo no controlado, de un camino de incertidumbre que daba miedo, mucho miedo, pero en el cual, al final me aventuré.

Al ser algo nuevo y desconocido, de alguna manera entendí que la antigua Miriam no podría ir, le agradecí profundamente por haber estado conmigo por 27 años; le di las gracias por haber sido fuerte en momentos en que era necesario serlo, gracias por ser resiliente cuando lo ocupé, gracias por haber llorado y sentido tanto, gracias por ser mi defensa y mi espada cuando así lo necesité.

Honré y honro el viaje que ha sido mi vida, pasé por momentos de enorme oscuridad, de temor, de miedo y ansiedades y sin embargo: aquí estoy, gracias a mi versión del pasado, que quizás en muchas ocasiones no tuvo las herramientas con las que cuento ahora, que cometió muchos errores, pero todos y cada uno necesarios para estar donde ahora me encuentro.

Viendo atrás, me doy cuenta que fui una niña muy fuerte, a la cual se obligó a crecer rápidamente y se le expuso a violencias terribles por su propio padre, ser humano que al igual que mi madre, se encontraban y quizá aún se encuentran en mucho dolor.

De a poco he ido entendiendo que finalmente mis padres, de verdad, hicieron lo mejor que pudieron con lo que les alcanzó. Sobretodo mi papá, para quien tampoco la vida fue sencilla en su infancia, lo que produjo, finalmente el «narcisismo» o mejor dicho, un uso excesivo de la energía masculina que solo lleva al egoísmo; eso fue así y también, en mi proceso me liberé de él, de la culpa, de la insuficiencia que sentía por su falta de amor hacia mí.

Por otro lado, mi mamá tampoco tuvo la suerte de tener una infancia que le nutriera, vivió en carencias emocionales y económicas que la marcaron profundo pero con quien, gracias a Padre Amorosísimo he podido perdonar lo que creí que debía ser y acepté, finalmente a mi madre tal y como es, le perdoné, me perdoné y estoy abierta a recibir su amor y a dárselo, algo que por mucho tiempo le negué.

Finalmente, en este punto, aún no sé si finalmente me he liberado de ellos, pero ahora los veo tal y como son, sin querer engrandecerles o minimizarles, son seres humanos, imperfectos, como yo, como todos. Así son, esa fue mi infancia y mi adolescencia y aceptó.

Aunque haber generado las pases con mi pasado no fue una tarea nada sencilla, la agradezco profundamente, cada pasito que con paciencia he dado me ha permitido aceptarme tal cual soy, con mi luz y con mi sombra, convergiendo en mí, con mis miedos y mi valentía, con mis tristezas y mis alegrías, con mi esencia divina.

Ha sido largo el camino pero agradezco haber tomado la decisión de seguir a mi corazón, en las soledades de mis tristezas me he encontrado; así como en las profundas alegrías producidas por la paz interna, en mi universo, en mi espíritu, donde la sabiduría me había acechado por tanto tiempo, donde la esperanza había aguardado de forma paciente, hasta mi retorno.

Por fin salí, salí de una realidad de tristezas, de enojos, de rencores, de insatisfacciones, de dolores profundos para encontrar algo que realmente me parece algo novedoso para mí pero que sé que merezco: mi paz. Deje ir todo aquello que no sirvió ya a mi mayor bien: personas, lugares, emociones, pensamientos, creencias, juicios, y se siguen yendo, agradecida con ellos y deseándoles un buen viaje.

Sin alteraciones abruptas en los latidos de mi corazón, sin cortisol recorriendo mis venas, sin sobresaltos, sin emociones devastadoras, sin desequilibrios corporales, sin enfermedades intestinales, sin querer controlar cada aspecto de mi vida, sin una mente verdugo, sin manos dolientes y por instantes cada vez más largos, sin ansiedad y miedos.

De pronto este último tiempo me he encontrado en un mundo que es, todavía, desconocido para mí, un mundo donde habita el silencio armonioso, donde la paz es parte del diario vivir, donde el amor incondicional es más fácil de alcanzar, porque Yo Soy ese amor incondicional. Donde las lágrimas se van eliminando y apenas una sonrisa penosa se asoma; una realidad donde mis ojos ven ¡VEN! el mundo hermoso en el cual vivo, donde el cielo es de un azul tan profundo que pareciera casi que lo comprendo, donde veo a las mariposas y a las aves danzando sobre lo invisible, donde los árboles me hablan a través de sus hojas, una realidad donde el sol abraza mi cuerpo y juega con dulzura sobre mi pelo rizado.

Una realidad donde ya no temo a mis emociones o, a mis pensamientos, porque no son «mis» simplemente son y de a poquito voy dejando de identificarme con esa mente tan poco trabajada que me hacía un daño tremendo, una realidad donde voy conectando con mi cuerpo y mi corazón.

A veces me da miedo, porque yo estuve acostumbrada por casi tres décadas a vivir en la oscuridad, en las sombras más dolorosas, en la soledad aunque siempre estuve acompañada de mi, en el desamor más profundo e incluso en el auto-odio pero sobretodo, viví en una profunda tristeza que se había marcado sobre mi cuerpo, en el abandono y en el rechazo.

Verás, querido lector/a, cuando alguien se acostumbra tanto tiempo a vivir en el miedo y en la insatisfacción crea realidades que le permitan perpetuar ese sufrimiento, simplemente porque no conoce más, porque no sabe que eso no es todo y que puede vivir de otra manera. A veces, porque le aterra ver que hay más allá.

A mí me ha costado mucho aceptar que merezco todo lo bueno que tengo y que me está pasando, aceptar que me amo de forma profunda e incondicional cada día un poquito más, que puedo y merezco una vida de paz y armonía, que merezco todolo bueno que Padre Amorosísimo tiene para mí; y más porque a veces los viejos patrones, creencias y miedos quieren regresar e incluso me hacen dudar y digo ¿Y si hay algo bueno atrás? pero no, no lo hay.

He aprendido que solo se voltea al pasado para saber que me ha enseñado, para sanar emociones y sentimientos, si es que los hay, pero no más. No puedo crear la vida que deseo y merezco, viendo las miserias que creí merecer, eso me costó entenderlo pero lo hice.

Es apenas ahora que me siento plena, feliz, en paz, en amor profundo e incondicional y pronto, en unidad, es ahora cuando he decidido desaprender todo lo aprendido que empiezo a conocerme, a disfrutarme, a abrazarme, a ser mi única y primera prioridad; ahora deseo verme, deseo darme lo mejor, una alimentación que me nutra, hábitos que brinden lo mejor a mi cuerpo físico, meditación para mi mente y conocimiento ancestral para mi espíritu.

Este ha sido un viaje de autoconocimiento, de auto-respeto, de valor, de amor, de alegrías, de realidad, de verdad, de promesas que están por cumplirse, de paz.

Si alguien me hubiera dicho a los 17 años que mi vida iba a ser diferente una década después, jamás le hubiera creído, aún me sorprendo y creo que será así por un tiempo, de saber que yo puedo vivir diferente a lo que conocí, que la vida no era como me dijeron que debía ser, y es increíble. Que podía ser mi mejor amiga y más grande confidente, que en la soledad se encontraba mi compañía, que me abrazaría en las calles, me reiría sola, que vería el cielo con unos ojos distintos, alegres y llenos de esperanza.

He dejado ir, sí, pero también he abierto mis brazos para recibir lo que es para mí y mi más grande bien. La incertidumbre asusta, sí, pero no más que lo pasado y que no se repetirá, aquí estamos para evolucionar, para aprender, para trabajarnos profundamente en los tres aspectos fundamentales: mente, cuerpo y espíritu.

¡Vaya viaje del héroe! heroína, jeje, que me he encontrado, quien podría haber dicho que del otro lado del río, me encontraría con esta Miri, real, amorosa y auténtica.

Gracias, gracias, gracias.

Este último mensaje va para todas aquellas personas que se encuentran iniciando su camino de autodescubrimiento: la única persona que estará contigo hasta que dejes este plano de existencia eres . Ámate como si de ello dependiera tu vida, ábrete a la posibilidad de conocerte, de desprogramarte, de eliminar hábitos y creencias que ya no sirven a tu mayor bien, a la posibilidad de ser tu mejor amigo, de crear dentro de ti todo el amor que siempre has querido que los demás te den, créeme, cuando te digo que, nunca te vas a arrepentir. Se puede vivir de otra manera, sí se puede y no solo eso, es posible que lo logres si la intención sincera habita en tu corazón.

Te abrazo desde aquí hermoso Ser de Luz, recuerda que eres increíble, te mando mucho amor.

Atentamente, Miriam.

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