EGO (Mi desnudez).

El día que inicié mi despertar, que empecé a ser más consciente y más libre fue cuando vi una charla impartida por una española, Covadonga Pérez-Lozana, puedo decir sin dejo de duda que sus palabras fueron una daga directa; tuvo un impacto en mí, profundo, algo dentro mío hizo “clic”, fue una sensación de liberación y de realidad dolorosa.

Sé que por algo esa charla llegó a mi vida, nada es casualidad, todo pasa porque así debe pasar, para aprender y ser de a poco más conscientes y felices.

Entonces empecé a estudiar ciertos conceptos que ella manejaba como verdades, retando su claridad al exponerlos, dudando sobre ellos y luego llegué a uno: el ego.

El ego, es, como lo he mencionado en otra de mis entradas, un sistema de creencias que nos sirve como sistema de protección para defendernos ante diferentes circunstancias de la vida, creado desde que nacemos y durante la infancia, esta es mi definición, te invito a que busques la tuya.

Es un tema interesantísimo, pues habla sobre el condicionamiento de la conducta humana por vivencias y mensajes no recibidos cuando somos pequeños ya sea por nuestros padres o los adultos que se hacen cargo de nosotros durante esa etapa; los niños (comprenderás lector, pues tu has sido uno) no tienen criterio y no lo tienen porque aún sus pensamientos y su lenguaje racional se está formando, pero, ¿Con base en qué se forma? pues en la realidad distorsionada que vemos cuando somos pequeños, porque cada quien siempre ve lo que quiere ver y más siendo tan egocéntricos, como lo somos de niños, pensando que todo gira en torno a nosotros.

Entonces tienes ahí a este pequeñito, que ha salido del vientre materno, en una experiencia sin duda traumática,  que dejó de ser “uno” y se “separa”, está vulnerable, completamente indefenso y cien por ciento dependiente del adulto que lo tiene a su cuidado: trauma y más trauma.

Luego entramos en la interacción, además de con esos adultos, con otros adultos ajenos a ese núcleo familiar: la sociedad y entonces empezamos a condicionar: nuestra forma de expresarnos, nuestra conducta, nuestro lenguaje, nuestros dones, nuestras amistades, nuestra vestimenta, nuestras experiencias, nuestra realidad.

En este punto, cabe hacer una aclaración: siempre existe ese trauma para todos, el del nacimiento; pero siempre para algunos será más o menos traumático que para otros, luego la infancia, así mismo podrá ser más “complicada” para unos que para otros, pero para todos lo es, siempre es así y todo pasa por una razón, siempre. Como lo veremos más adelante.

Hablando de mi propia experiencia, debo mencionar que en términos “socialmente aceptables” (no por eso menos ciertos) mi nacimiento e infancia fueron bastante complicados, fue una etapa verdaderamente traumática y violenta que me obligó a pensar que debía madurar de forma más rápida con el único objetivo de garantizar mi sobrevivencia/supervivencia, entonces armé este caparazón duro y me convertí en una cebollita con un montón de capas, una más visceral e impulsiva que la otra, pues el o los mensajes que recibí en mi infancia fue: cualquiera puede traicionarte y abandonarte pues no eres suficiente. 

Entonces como buena guerrera, creadora de esa coraza me encerré y no permití que nadie se acercara a mi por ninguna circunstancia, el que alguien intentara adentrarse más en lo que sentía lo veía yo como un verdadero grito de guerra: ¡Miriam! ¡Cuidado! cuida este flanco, cuida el otro y no dejes que nadie pase, ¡Eres una muralla! Tu estás sola y debes defenderte como puedas y bajo el costo que sea.

Y así fue como cambié de ser una niña vulnerable y tierna, dócil para transformarme en una guerrera que a la menor provocación activaba su coraza y no permitía que nadie pasase, CREÍA, de esa manera que nadie me lastimaría.

Durante mi adolescencia este cúmulo de creencias hizo un eco dentro de mí y lo empecé a tratar como verdad absoluta: “Mi vida siempre será así, más vale que me adelante y así no permito que nadie me lastime”, y fue, evidentemente una época muy difícil, aún más traumática y aún mas dolorosa e insensata, aguerrida con mis papás y con cualquiera que intentara acercarse.

Pero de pronto la vida, la maestra vida dijo: Ya es suficiente y cuando dice que es suficiente, es porque lo es y se presentan las circunstancias adecuadas para que entiendas que por ahí no va. Pero me negué  a escucharla y caí en el victimismo y la depresión; me rehusaba a verlo, y me decía una y otra vez: ¿Por qué a mí? ¿Por qué solo esto me pasa a mí?, soy la persona más desgraciada en esta tierra, porqué siempre me quieren hacer daño, porqué los OTROS y no yo, bla, bla, bla; a que no soy la única, jajaja, que pequeña egocéntrica.

Pero bueno, ahí estaba yo, con 14 o 15 años cuando de pronto toque fondo, no sé como describirlo, más que sufrimiento puro, ya no podía con mi dolor, el dolor que sentía y que guardé por tantos años ya no era posible sostenerlo, fue algo inaguantable y entonces caí en una verdad absoluta (para mí): Tú no eres tus papás, tú puedes ser diferente, empecé de manera inmediata a dejar de sentirme una “víctima”.

Y entonces, recién cuando empezaba la preparatoria, entendí que en la escuela podía ser diferente, vamos, que no necesitaba estar tan a la defensiva y al menos ahí me relajé, pues cuando concluía la escuela no podía hacer otra cosa más que volver a mi casa y poner esa coraza que era lo único que me protegía del gran mal.

Después poco a poco la vida fue acomodando cada pieza en su lugar, y llegaron los 18 años, estaba ya empezando mis estudios universitarios y en mi casa, mis padres hicieron lo que desde hace años debieron haber hecho y surgió su separación, ese día se me quito un peso gigante de encima, fue una sensación tan particular y liberadora, que no he vuelto a sentir nunca en mi vida, preciosa.

Inicie terapia, mi terapeuta, sin duda una persona a la que le agradezco todo, pues me ayudo a comprenderme y empezar a aceptar mi realidad y no negarla y entonces vino esa segunda lección enorme en mi vida:Tu puedes elegir vivir una vida diferente;  pero para eso tuve que pasar por mucho dolor, mucho odio, mucho resentimiento y mucho (mucho) perdón; llegado este punto, debo decirles algo: ya no me importaba, lo hice, anhelaba estar bien, anhelaba empezar a vivir, a disfrutar mi vida y no solo sobrevivir, ya estaba en un punto sin retorno. 

Y así ha sido mi vida hasta hoy, 26 años, con enormes lecciones a lo largo de estos años, ¿La última que he aprendido?: Nadie puede lastimarte, nadie Miriam; porque ya eres una mujer adulta, que puede ser partícipe de su realidad, la que quiere, la que necesita; ya nadie te lastimará nunca más a menos que se lo permitas (y eso, déjenme decirles, es algo ya muy complicado) y ha sido hasta el día de hoy que por fin y se los digo: después de tantísimo dolor, crudo, hondo y despreciable, de tanto odio y resentimiento, no me queda otra cosa más que: AGRADECER a la vida, tan sabia, que me dio lo que necesitaba para crecer y ser una mujer libre, capaz e independiente del sufrimiento.

Me liberé de mis padres, después de un proceso, como he dicho, doloroso, que me ayudo a trascenderlos a través del perdón y la aceptación, pues solo sé que hicieron lo mejor que pudieron con lo que tuvieron y que si no hicieron las cosas de manera diferente, fue simplemente porque no pudieron. Los amo, los acepto y les reconozco lo que soy por ellos, les amo mucho.

Mi ego era eso, la coraza donde me mostraba con una cara de dura, fría e insensible, no soy eso, yo sé que no soy eso, claro que mis amigos y mis más cercanos saben que soy de carácter, que me gusta y disfruto liderar, que no me rindo fácil y que intento dar siempre lo mejor de mí pero ya no lo hago desde el miedo, nacido del ego. Sí soy de carácter y me gusta liderar y me gusta siempre tener objetivos y cumplirlos, pero ahora lo hago desde el amor, quiero y anhelo mostrar mi vulnerabilidad y mi sensibilidad, porque ahora entiendo que esa es mi esencia, esa soy yo, y que no significa que sea débil sino por el contrario, una mujer de convicciones, que sabe lo que quiere y sobretodo sabe lo que necesita para ser feliz.

Se terminó de romper esa coraza hoy, ya no la necesito, con esta entrada, desnuda en mi totalidad; pues hoy decido aceptar mi esencia, como soy, hoy entiendo que no debo defenderme más, de nada ni nadie, hoy me permito ser, en esa vulnerabilidad y ternura, me permito sentir, además ¡ME PERMITO SENTIR! y que los seres maravillosos de mi vida, me sientan, en esa naturalidad de mi esencia.

Como puedes ver, querido lector, ese hermoso aprendizaje que me ha dado la vida, solo fue posible, en mi caso, a través del dolor más terrible y traumático, pues solo de esa manera entendí y sigo en camino de entender mi esencia, mi vulnerabilidad, mi hermosura y mi divinidad, solo de esa manera; pero ahora no quiero ser de otra forma, y de nuevo, agradezco mil y diez mil veces por la vida que he tenido, la amo, me amo y no cambiaría ni un solo segundo de la misma.

Todos tenemos esa capacidad, está dentro de nosotros, la capacidad de ser resilientes, con el primer paso, aceptarte y no negarte pues es una verdad irrefutable que todos tenemos este “ego” tan enfermo, carente y necesitado que también es parte de nosotros y no está mal, pero debes saber algo, el ego cumple una función importante: Te ayuda a darte cuenta que eso ¡NO ERES TÚ! y te ayuda a descubrir tu esencia plena, esa es, para mí, la función del ego.

Si me pidieses un consejo yo te daría este: No permitas que tu ego te gobierne, escúchate, escucha esa intuición, ese corazón que es el que lo tiene más claro.  La racionalidad, te lo digo, no siempre tiene las respuestas que tu vida necesita, la racionalidad muchas veces es tu ego, que te controla y sucumbe, son las creencias limitantes que te dicen que debes ser de una forma determinada y ¡NO ES CIERTO! que te dicen que debes actuar de una forma determinada y ¡NO ES CIERTO! no te limites, escúchate, hazte responsable de tu vida y deja de culpar a los demás, eres adulto, ahora tu puedes elegir ser feliz, ya no dependes de nadie, ya no.

La vida solo es una, y tú, ¿Estás dispuesta a aceptar tu camino?

-Miriam.

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