Nuestro corazón tiene neuronas.

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El hermoso Río Nilo. Imagen propiedad de la NASA.

El universo es sabio, siempre da las señales correctas y si las aceptas, te regala pensamientos de amor.

Saben, cuando en verdad estoy inspirada y deseo hablar sobre algo bello o que me conmueve, o bien sobre algo doloroso, escribo poesía.

No sé como describirlo, pero siempre sé que palabras poner para crear rimas, solo salen de mi mente; sin embargo por momentos lo abandono, es como si no quisiera ser tan vulnerable, como si no quisiera ahondar más, pero cuando lo he permitido el resultado es muy bello.

Mis poemas más íntimos los tengo guardados en un archivo fisico, no se si llegue a compartirlos alguna vez pero significaría sin duda un proceso de crecimiento, me expondría, desnuda, al cien por ciento; porque así lo siento, mis sentimientos más profundos, vistos pocas veces por pocas personas. ¿Valdría la pena hacerlo?

He estado viendo este documental en Netflix (“The Last Dance”), sobre Michael Jordan y la historia con los Bulls, invariablemente el fue los Bulls pero lo fue porque se permitió ser él mismo, se permitió entender muchas cosas, entre ellas, que no siempre lo tiene que hacer todo él y solo, sus más grandes victorias fueron cuando tuvo la capacidad de mostrarse humilde y aceptar el apoyo de su equipo.

Siempre me ha parecido fascinante la capacidad, valor y pasión que han tenido ciertos seres humanos para darlo todo y ser grandes, los documentales sobre esas personas me atrapan de forma irremediable e inmediata, ¿Será porque de alguna manera veo mi grandeza en ellos?, la historia y las biografías de los grandes siempre te dan mucho por aprender; entonces puedo estar ahí viendo un documental sobre la gran Jane Goodall, el Dr. Martín Luther King, Malcolm X, Tiger Woods, Buda e incluso Hitler, es algo que resulta interesante, ver la grandeza de la que somos capaces los seres humanos es incluso sensual y muy atrayente.

Creo, además, que todos tenemos la capacidad de ser grande, si encontramos y sobretodo aceptamos nuestra misión en la vida; lamentablemente para unos llega más fácil que para otros, pero invariablemente está ahí.

El otro día, y en razón de esto, leía que nuestro corazón tiene neuronas, quede estupefacta, pues a veces los humanos somos tan testarudos que tratando de ser “puramente racionales” inhibimos lo que nuestro corazón anhela, ese instinto, esa vocecita que viene no de la mente, si no de algún lugar más profundo, que siempre está ahí por más que la pretendamos callar, siempre esperando pacientemente a que le des la oportunidad de expresarse.

Creo que los grandes lo han sido por eso, han seguido su instinto, que es mucho más sabio que la mente tan “racional”, lo entrecomillo porque ¡Caray!, vamos por la vida sintiéndonos tan superiores unos de otros, porque “pensamos” porque generamos juicios de valor, porque argumentamos y bla bla; puras tonterías, ahora entiendo que nuestra mente es un arma de doble filo, o bien nos cuenta la historia más trágica que existe y como eres insignificante y miserable o nos cuenta sobre lo superior que eres a los demás y como siempre andas por la vida haciendo lo mejor porque es lo que la “racionalidad” te indica hacer. Si en vedad pudiésemos comprender que la mente, nuestra mente, en la mayoría de los casos tiene creencias limitantes y que lo único que hace es eso, limitarte, sin pensarlo escucharíamos más a la intuición.

Sin dejo de duda, puedo decir que cuando me he permitido escuchar a mi intuición es cuando las cosas han salido mejor, esa intuición está en tu corazón, que también piensa, pero no solo eso, anhela y desea que te conviertes en ti, en tu esencia, en tu misión, en lo que viniste a hacer a este mundo.

Sería prudente escucharle, aunque haya miedo, el miedo siempre estará ahí pero la diferencia entre Miriam y los grandes, es que ellos se atrevieron a cruzar la barrera del miedo, a ser ellos, a amarse así y aceptar a esa voz, la INTUICIÓN, que les dijo que era el camino correcto a seguir, toca entonces pensar menos y sentir más. Hacer más poesía y menos reproches. Veremos.

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